Edipo, el hijo de la Fortuna (II)

viernes, 16 de abril de 2010
Edipo encontró en los reyes de Corinto los padres que los dioses le habían negado. Fue educado para en un futuro suceder a Pólibo como soberano. Un rey justo y sabio, temeroso de los dioses. Nunca pudo Edipo reprochar a sus padres adoptivos el haberle hecho desdichado.

Sin embargo había algo que le atormentaba: desde muy pequeño había tenido que aguantar las murmuraciones de sus compañeros de juego y pese a que Edipo les reprendía y les instaba a que aportasen pruebas. Ninguno aportó nada y aunque Edipo no debía de dar pábulo a esas habladurías, acabó haciéndolo. Eran años y años teniendo que aguantar que no era hijo de su padre.

Un día la habladuría se convirtió en acusación. En un banquete celebrado en la corte de su padre, un borracho acusó a Edipo de no ser hijo de su padre. Edipo estalló y resolvió callar para siempre ese mero chisme de aldea que había ido ya demasiado lejos.

Resolvió acabar aquello de la única manera que sabía: preguntaría al Óraculo de Delfos sobre sus orígenes y así acabaría con las especulaciones. Y sin decirlo a nadie, tomó camino del óraculo, sin escolta ni séquito, como un viajante más.

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