El vuelo de los cisnes. La madrastra

viernes, 4 de junio de 2010
Dearg estaba disgustado. La muerte de Ove hacía peligrar el equilibrio en Erín, si Lir decidía que era más poderoso que él posiblemente lo retaría y la guerra retornaría a las feraces praderas de la isla. Los reyes buscarían nuevas alianzas y el Sumo Monarca sería destronado hasta que hubiera una nueva elección. Tendría que reafirmar la alianza con su inestable yerno y Oifa, la hermana de Ove, sería la herramienta ideal.
Una nueva boda se celebró en la colina del Campo Blanco. Lir y Oifa contraían matrimonio. La pareja vivió feliz y los hijos de Ove crecieron en paz. Pero la madrastra de los niños pronto empezó a sentir celos de los hijos de su hermana.

Una noche Fingula, la hija mayor, se despertó en medio de una pesadilla, había soñado que su madrastra era una malvada bruja que los sacrificaba a los poderes del Sidhe. Esa mañana acudió temerosa a la llamada de Oifa, quien había decidido sacar a los niños a dar un paseo en su carro.
Fingula se resistió, temía las intenciones de su madrastra. Pero sus forcejeos y lloros no sirvieron para nada y sus tres hermanos, su madrastra y ella salieron en dirección al lago de los Robles. Éste era un lugar habitado por las gentes del Otro lado, por los hombres del Sidhe. La leyenda decía que eran los antiguos habitantes de Erín, quienes, tras ser derrotados por los hijos de Mil, pidieron habitar en aquellos lugares que fueran inaccesibles para los vencedores. Así fue como se refugiaron en los lagos, cavernas y bosques.
Una vez en el lago la madrastra gritó:
−¡Escuchad habitantes del Sidhe! Soy Oifa y vengo a entregaros a los cuatro hijos de Lir en sacrificio.
Sin embargo los habitantes del Sidhe no la escucharon ya que ellos no eran perversos y de nada les beneficiaría quedarse a unos descendientes de Mil. Ante esto mandó a los niños al lago a nadar y, una vez que estos estuvieron dentro, la mujer sacó una varita regalada por un druida y cantó:
−¡A las aguas salvajes, descendencia real de Lir! Vuestros gritos se perderán para siempre entre las aves.
Al mismo tiempo que cantaba arrojó unas cadenas de plata al lago. Las aguas comenzaron a hervir, mientras los niños gritaban y se retorcían, un suave plumón, que al tiempo se convirtió en plumas rodeó el cuerpo de los niños, sus voces se convirtieron en graznidos, y al poco, los hijos de Lir eran cuatro hermosos cisnes.
Pero Fingula aún conservaba algo de su poder y dijo:
−¡Te conocemos por lo que eres bruja! Tienes el poder de hacernos nadar en el lago, pero descansaremos en tierra a la luz de la luna y conservaremos el don del habla para transmitir tus maldades a quien quiera escucharnos. ¡Deshaz este hechizo!
La bruja atemorizada por las palabras de la niña cisne dijo:
−Vuestra forma la recuperaréis cuando Connaught del Sur se case con Munster del Norte.
Y huyó atemorizada hacia la corte del Sumo Monarca.

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