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Perseo en la Historia, una aproximación al mito.

miércoles, 14 de abril de 2010
Como habéis podido comprobar hemos decidido comenzar en el blog con el mito de Perseo. ¿Por qué? No es de lo más antiguos, ni contiene elementos originales, de hecho sus personajes son arquetipos de la mitología helena, lo que, sin embargo, también puede tener sus ventajas. También podemos ver en este Mito la representación de una sociedad peculiar y otros temas que surgirán a lo largo de este análisis.
Apolodoro de Alejandría en su obra Bibliotheca Mitologica nos hace un elenco de los principales Ciclos de Héroes así como otros mitos de carácter ctónico y etiológico y, por supuesto, todos tiene un carácter, más o menos marcado, religioso.
Los mitos más antiguos que podemos encontrar en la civilización helena, según la versión de Apolodoro, son los Ciclos Tebano y Troyano, así como mitos de carácter etiológico, como el Rapto de Perséfone.
Otro criterio en el ordenamiento de los Mitos que se podría seguir es el cronólogico. En los momentos en que Historia y Mito, que no es más que una explicación de la realidad desde una visión diferente, se tocan se puede trazar una línea cronólogica, necesariamente muy desvaída. Ya vimos que Perseo se enfrenta al hermano de un lejano antepasado por la mano de Andrómeda. Según este criterio el Ciclo más antiguo sería el Minoico-Ático, luego el Tebano, el Argivo (al cual pertenece Perseo), etc.

Anteriormente dijimos que el Mito de Perseo no tiene elementos originales, en realidad es la justificación del poder que tendría la familia Perseida en la Época Oscura, tras la Época Micénica, por oposición a la familia Heráclida, pero esta historia quizá sea contada en otra ocasión.
Es un mito donde aparecen varios personajes y situaciones arquetípicas de la civilización indoeuropea y, en particular, helena. Podemos comenzar por el propio Perseo, hijo de Zeus y de una mortal, como tantos otros, que debe emprender un viaje de maduración para lograr su objetivo. Los viajes de los mitos siempre son fuera de la Oikumene, es decir, el mundo conocido por los griegos, las tierras bárbaras donde se desconocen a los griegos, en Perseo están simbolizados por el titán Atlas, las Grayas y la propia Medusa.

Otro aspecto que podríamos señalar es la aparición en el mito, de refilón, de los gemelos Arcisio y Preto, abuelo y tío abuelo de Perseo respectivamente. Dos gemelos que desde el seno materno están en guerra y mediante esta crean la civilización. En la civilización indoeuropea es un lugar común la guerra de gemelos, veáse a los romanos Rómulo y Remo.

Es necesario señalar el papel de la religión en el mito de Perseo que, como todos los Mitos, tiene una carga moral importante. Señalaremos tres ejemplos que como dijimos no tienen nada de originales:
En primer lugar el hecho de que Apolo, dios oriental afincado en Delfos, castigara a Arcisio por su hybris, soberbia. La hybris era el mayor delito que se podía cometer contra los dioses y era irrevocablemente castigada con la némesis. En el caso de Arcisio, morir a manos de su nieto. La némesis siempre se cumplía, aunque el castigado intentara huir de ella.
Por otro lado encontramos el caso de Policdetes y Dictis, el primero cruel infractor de la ley divina, el segundo celoso guardián de esta. Policdetes no sigue las normas elementales de hospitalidad impartidas por Zeus Xenios, tema que Homero tratará ampliamente en la Odisea, mientras que Dictis sí lo hará.
En tercer lugar encontramos la purificación de Perseo tras haber cometido un crimen. Preto, como rey-sacerdote, le impone un castigo acorde con este, homicidio involuntario, para limpiarlo. Sin esta purificación, la sangre de Arcisio hubiera reclamado venganza.
Así podemos decir que en este Mito hay una profunda enseñanza religiosa para las élites, porque es a ellas a quien va dirigida. Estos mitos eran narrados en los palacios de los Wanax, reyes-sacerdotes de la Época Oscura y, aunque ambientados en Época Micénica, reflejan aspectos de la Época en la que eran narrados. Su sociedad jerárquica, al frente de la cual estaba el rey-sacerdote, sus palacios-fortaleza, el clima de guerra continua, solo atemperados por las normas dadas por los dioses y un largo etcétera en el que no me detendré aquí.
El mito de Perseo ha perdurado en el tiempo, desde que era cantado en los palacios de la Época Oscura Helena, pasando por el período Helénico del siglo III a.C., llegando a Roma y, a través de ella, a la Literatura Universal y al Arte.

Grimal, P: Diccionario de Mitología, Akal, 1989.

El hijo de la Argiva. Perseo, rey de Micenas

lunes, 12 de abril de 2010
A los días de la muerte de Arcisio, Perseo ofició los funerales de su abuelo. Allí acudieron los Reyes de las principales ciudades de la Hélade, entre ellos Preto, rey de Tirinto y hermano de Arcisio. Tras la ceremonia, en la que el cadáver del rey fue incinerado y sus cenizas guardadas en una urna que reposaría en Argos, Preto se acercó a Perseo:
“¿Qué harás ahora?” inquirió el rey.
“Viajaré por el mundo” respondió Perseo tristemente “no puedo permanecer en una tierra que he mancillado”
Preto sonrió pensativo, sus ancianos ojos parecían chispear, y dijo:
“Arcisio era mi hermano gemelo, estuvimos en guerra durante muchos años. Hicimos temblar la tierra con nuestros ejércitos una y otra vez hasta que envejecimos y él tuvo a Dánae. No voy a permitir que su nieto lleve la vida que me has descrito”
“¿Qué se puede hacer?” preguntó el joven.
“Te purificarás trabajando para el dios Apolo en Delfos hasta que éste lo estime oportuno, luego reinarás en mi ciudad, Tirinto. A cambio…” el anciano lo dejó en suspenso.
“¿A cambio de qué, rey de Tirinto?” Perseo le miró con desconfianza.
“A cambio de que cedas desde este instante los derechos del trono de Argos a mi hijo Megapentes” dijo con una sonrisa Preto.
“Hermano de mi abuelo, sois muy astuto” dijo el joven “pero no tengo más opción que admitir tus condiciones. Así será”

Un tiempo después Perseo, rey de Tirinto, comenzaba la construcción de una inmensa ciudad con vocación de capital del mundo griego. Las murallas de la ciudad de Micenas, la rica en oro, nacieron junto con el tercer hijo de Perseo, Esténelo, quien reuniría en su persona las coronas de Argos, Tirinto y Micenas.


"Y esta es la historia que contó el anciano ciego de Tirinto a sus oyentes" dijo el abuelo "pero estos no creo que se quedaran tan dormidos como vosotros"
Los pequeños estaban hechos un ovillo en la alfombra. Se habían quedado totalmente dormidos con la melodiosa voz del abuelo.



Fuentes que se han consultado para realizar esta versión:

Apolodoro de Rodas, Bibliotheca Mitologica
Hesíodo, El Escudo.
Horacio, Odas, III, 16.
Ovidio, Metamorfosis, IV
Píndaro, Perseo, en Apolodoro de Rodas, Bibliotheca Mitologica

El hijo de la Argiva. Perseo y Arcisio

jueves, 8 de abril de 2010
Las puertas de la sala de banquetes de Policdetes se abrieron de par en par, una figura se recortó en las sombras. Perseo penetró en la estancia, su dura mirada contempló a los comensales y se fijó en el tirano, que presidía la mesa. Dánae contempló a su hijo, que ya se había convertido en hombre, mientras el silencio inundaba la estancia.
“Madre, Dictis, salid de aquí” dijo.
Ambos se apresuraron a obedecerlo y salieron de la estancia mientras el joven proseguía diciendo:
“He cumplido la misión que me encomendaste Policdetes, contempla tu premio”

Perseo sacó la cabeza de Medusa de la bolsa donde la llevaba oculta y todos pudieron contemplar asombrados el rescate de Dánae. De pronto un fogonazo escapó de la cabeza cortada y todos los presentes fueron transformados en piedra.

Fuera esperaban Dánae, Andrómeda, Dictis y una joven armada. Cuando Perseo llegó hasta ellos, la joven dijo:
“Perseo, ya has llevado a cabo el cometido para el cual te prestamos ayuda, devuelve a los dioses lo q es suyo”
Así fue como Perseo se desprendió del casco de Hades, del escudo de Atena, de la hoz y las sandalias aladas de Hermes. También regaló la cabeza de Medusa a la hija de Zeus, quien la colocó en la égida.


Un tiempo después se convocaron unos juegos en Larisa, en honor al fallecido rey de la región, y Perseo decidió presentarse para alcanzar fama entre los helenos. Había decidido no acercarse a Argos ya que temía que el designio del dios délfico se cumpliera y diera muerte a su abuelo Arcisio.
Los Juegos habían comenzado, Perseo se presentó a diversas pruebas en las que salió vencedor y ganó las coronas ístmicas. Era ya mediodía cuando se presentó a la prueba de lanzamiento de disco, el sol relucía con fuerza, Apolo contemplaba los Juegos desde el Olimpo. El hijo de Dánae lanzó el disco, imprimiéndole tanta fuerza que se salió de la pista y fue a la gradas desatando el pánico.
Perseo, asustado por lo que había hecho, corrió hacia la gradas y trepó por ellas. La multitud se arremolinaba en torno a un cuerpo ensangrentado. Perseo vio que el inmenso disco había golpeado la cabeza de un anciano de noble cuna, la sangre corría por su rostro.
“¿Quién es?” preguntó, un escalofrío le recorrió el cuerpo.
“Arcisio, rey de Argos” le llegó la respuesta.
Perseo se derrumbó en ese momento y las lágrimas fluyeron de sus ojos. Al fin se había cumplido el castigo de Apolo a la familia de Dánao. Había manchado sus manos con la sangre de su abuelo, había quedado impuro ante los ojos de los dioses, ahora sería un desterrado para toda su vida…

El hijo de la Argiva. Andrómeda.

martes, 6 de abril de 2010
La playa se había llenado de gente que había visto la transformación de la serpiente en coral. Entre ellos un joven fornido que se acercó a Perseo y le increpó:

“¿Quién eres qué así te presentas en estas tierras?”
“¿Quién eres tú que tienes la osadía de dirigirte así a mí?” replicó a su vez Perseo “Yo soy Perseo, hijo de Zeus, matador de la Gorgona Medusa”
“Mi nombre es Agenor, hijo de Posidón, rey de Tiro, descendiente de Ío y Zeus” respondió Agenor.
“Somos parientes pues, yo desciendo de tu hermano Belo, soy nieto de Arcisio, rey de Argos” respondió Perseo.
“Te damos la gracias, príncipe” dijo Agenor “ahora puedes seguir tu camino, tu tierra está muy lejos.”
“¿Me expulsáis?” inquirió Perseo “¿No respetáis las normas de hospitalidad para mí y mi futura esposa?”
“¡Vuestra futura esposa!” exclamó Agenor “¿cómo es eso posible, si es mí prometida?”
Perseo y Agenor empuñaron sus armas al unísono:
“¡Explicad esto Cefeo!” gritó Agenor.
“El extranjero prometió salvarla si se la dábamos en matrimonio” respondió el rey etíope.
Con un grito el rey de Tiro se abalanzó sobre el joven Perseo. Las estocadas bailaron al compás de las espadas, las fintas se sucedieron unas a otras. Las estocadas sucedían a los puñetazos y patadas. Pronto ambos oponentes sangraban por diversas heridas. Agenor parecía el más fuerte de los dos, sin embargo, el Destino no tenía previsto que se casara con la princesa etíope, sino con Telefasa, que sería madre de muchos héroes. El rey de Tiro tropezó con una piedra, ventaja que aprovechó Perseo para tumbarlo contra el suelo y ponerle la espada en el cuello:
“Ríndete y podrás seguir viviendo”

Perseo y Andrómeda se casaron en Etiopía y muchos años más tarde cuando el hijo de Dánae era rey de Micenas, la rica en oro, tuvieron tres hijos, Electrión, Alceo y Esténelo. Tras la boda montaron en Pegaso y emprendieron el viaje hacia Sérifos, donde esperaba Dánae el retorno de su hijo.

El hijo de la Argiva. En una playa de Etiopía.

domingo, 4 de abril de 2010
Hacía cada vez más calor, Perseo llevaba ya muchos días volando sin encontrar la silueta de su tierra allá abajo, la sensación de haberse perdido aumentaba a la vez que la temperatura. Pegaso y él se llevaban bien, el animal se dejaba conducir con suavidad y el jinete había aprendido a dejarse llevar por su montura para coger las corrientes de aire. De pronto vio a una joven en lo alto de un acantilado, estaba atada a un enorme árbol seco. Dos siluetas contemplaban la escena en la playa. Perseo condujo a Pegaso hacia allí, las siluetas se convirtieron en un hombre y una mujer que le miraban asombrados:
“Soy Perseo, hijo de Zeus” se presentó “¿porqué está esa muchacha allí atada?”
“Soy el rey Cefeo y ella mi esposa Casiopea. A quien has visto es a nuestra hija Andrómeda, sacrificada a la Serpiente del gran dios Posidón, por orden del señor de los mares”
“La salvaré” afirmó el joven “y, con vuestro permiso, la desposaré en matrimonio”
“Nuestra hija ya está prometida” dijo la reina.
“No veo a ningún hombre aquí para salvarla” la voz de Perseo se endureció.
“Adelante, pues, si estás tan decidido, te concedemos su mano” dijo Cefeo tras mirar a su esposa.
Perseo voló hasta el lugar donde estaba Andrómeda atada con las sandalias que le había dado Hermes y gracias a la hoz pudo liberarla de sus ataduras. De pronto una monstruosa cabeza surgió de las aguas, el agua corría por las escamas de la serpiente y sus ojos voraces se clavaron en ambos jóvenes. Abrió la boca y una inmensa corriente de aire pestilente rodeó a la pareja. La serpiente miró con curiosidad al recién llegado al que nadie había invitado, valorando si era peligroso o no.
“Andrómeda, obedéceme si quieres salir con vida, cierra los ojos y aparta tu vista de mí” dijo el joven “¡rápido!”
Perseo metió la mano en la bolsa y tomando la cabeza de Medusa por los cabellos de serpiente la alzó. Al mismo tiempo el monstruo marino se abalanzó sobre ellos impactando contra la mirada de la Gorgona muerta. De pronto el animal comenzó a retorcerse, se retiró espantado y comenzó a huir. Entretanto Perseo cerraba los ojos con fuerza y apretaba el dulce rostro de Andrómeda contra su pecho. El olor a flores de su cabello lo inundó. Cuando abrió los ojos, tras guardar la cabeza de Medusa, contempló los verdes ojos llorosos de la chica y se inundó de ellos. Un graznido los sacó de su arrobamiento, levantaron los ojos y vieron que la serpiente se había convertido en un inmenso arrecife de coral de color negro contra el que se estrellaban las olas. Perseo tomó en brazos a Andrómeda y la llevó volando junto a sus padres.

El hijo de la Argiva. Medusa

viernes, 2 de abril de 2010
Al cabo de un tiempo Perseo se encontraba en el claro de un bosquecillo, cerca de las montañas de Occidente. De pronto oyó una canción entonada con la voz rota de unas ancianas, el joven se acercó sigiloso y contempló a tres horribles mujeres de largos cabellos grises, arrugadas y pequeñas, que daban vueltas alrededor de un caldero. Las tres Grayas eran mujeres ciegas y desdentadas que compartían un único ojo y un único diente.El joven se puso el casco de Hades, que le hacía invisible, y se acercó sigiloso robando el diente y el ojo de las ancianas. Las Grayas se volvieron y lo miraron con sus ojos vacíos y dijeron con su boca desdentada:“¿Quién eres y qué quieres extranjero? Devuélvenos lo que es nuestro”“Quiero saber donde se oculta Medusa, la Gorgona” respondió Perseo “entonces os devolveré lo que es vuestro”Las tres ancianas se reunieron y hablaron en voz baja mientras Perseo esperaba, al poco se volvieron hacia él:“El palacio de la Gorgona lo encontrarás si sigues al boyero hacia la puesta de sol y luego lo dejas a la izquierda. Cuando veas relucir al Aguador en el cielo allí la encontrarás”
Las estrellas brillaban en la oscura noche, el palacio de Medusa se alzaba sobre una loma junto a la que corría un caudaloso río. Perseo aterrizó suavemente sobre el patio donde fue recibido por una colección de estatuas de piedra, guerreros que habían caído en manos de la terrible Gorgona.Una suave melodía le llegaba desde el interior, Perseo se puso el casco de Hades y empuñó la hoz y el escudo que los dioses le habían dado. Se deslizó por el palacio cubriéndose con el escudo, el sol entraba por los grandes ventanales y el escudo refulgía en la oscuridad.Una figura se recortaba en las sombras, una mujer de bello rostro lo miraba seductora, de su cabeza nacían terribles serpientes que entonaban una melodía. Perseo se cubrió con el escudo mientras Medusa le clavaba una furiosa mirada, sin embargo solo contempló su reflejo en el escudo y con un atronador grito se convirtió en piedra.Perseo se acercó al monstruo y lo degolló con la hoz. Un nuevo prodigio se originó al caer la sangre de Medusa al suelo, un caballo alado de color blanco nació. Era Pegaso, quien sería la montura de muchos héroes. Perseo lo montó y salió de allí a toda velocidad mientras el cuerpo de la Gorgona estallaba al nacer un gigante de su interior.El hijo de Dánae salió del palacio de Medusa montando en Pegaso y con la cabeza de la Gorgona en una bolsa. Se dirigía a Sérifos para rescatar a su madre.

El hijo de la Argiva. La búsqueda

martes, 30 de marzo de 2010
Perseo se encontraba a la orilla del mar, ¿dónde podría hallar a Medusa? ¿Cómo le daría muerte? Y algo aún más urgente ¿cómo saldría de la isla? El joven conocía a algunos pescadores, hombres que le podrían ayudar a llegar al continente, su idea era consultar al oráculo de Delfos en primer lugar… Contempló el cielo en busca de señales que le indicaran el camino y se puso en marcha.
Al final logró que una embarcación lo llevara al continente, había desembarcado en Corinto, la ciudad de los dos puertos, y ahora se dirigía por el camino sagrado hacia Delfos. De pronto un terrible fogonazo lo cegó y postró en tierra:
“Levántate hijo de Zeus” le dijo con autoridad una suave voz de mujer.
Perseo levantó lo ojos y vio a una bella mujer de ojos grises armada para la guerra y a un joven de rubios cabellos y mirada traviesa:
“Hijo de Zeus soy Atena, he decidido ayudarte concediéndote mi escudo y el casco de Hades, que te hará invisible.”
“Yo soy Hermes, la voz de Zeus” dijo el joven “quien nos ha ordenado ayudarte, he decidido dejarte un par de sandalias aladas y una hoz con la que cortarás la cabeza de la Gorgona.”
“No la mires” dijo Atena “sus ojos convierten en piedra a los mortales y solo podrás matarla si le cortas la cabeza.”
“Dirígete hacia donde muere el sol,” aconsejó Hermes “Atlas, que sostiene el mundo, podrá decirte donde se encuentra la serpiente.”
Perseo parpadeó de asombro, pero antes de que pudiera darse cuenta los dioses habían desparecido dejando los dones concedidos. El joven se armó y se calzó las sandalias y de pronto se encontró surcando los aires.
Viajó sobre las verdes ondas del Ponto, por encima de islas y tierras. Un amanecer distinguió una inmensa mole en el horizonte. Al principio lo confundió con una montaña, sin embargo, a medida que se acercaba, distinguió los rasgos de un rostro bestial.
“¡Eh!” gritó “¿Podrías decirme dónde se encuentra la Gorgona Medusa”
“¿Quién eres que así increpas a Atlas, que sostiene la cúpula del cielo?” sonó una profunda voz, semejante al trueno.
“Soy Perseo, hijo de Zeus de ígneo rayo” respondió el joven.
“Joven hijo de un dios, la respuesta a tu pregunta la hallarás con las Grayas, en Occidente” respondió el titán.

El hijo de la Argiva. El desafío.

domingo, 28 de marzo de 2010
Un hombre contemplaba las olas del Ponto estrellarse contra las costas de la Isla de Sérifos. Estaba en la playa rememorando los hechos que acababan de acaecer en la isla: su hermano Policdetes acaba de dar un golpe contra la monarquía de la isla y se había autoproclamado rey. Pronto las cosas volverían a su cauce, pero conocía el carácter voluble de su hermano y rogaba a los dioses que sus desafueros no fueran más allá del umbral del palacio que ahora ocupaba.
En ese momento se fijó en un objeto que la corriente había dejado en la playa, un enorme baúl de madera con refuerzo de hierro. Se acercó prudentemente, un regalo de Posidón siempre podía ser peligroso. El cofre se estremeció, una voz parecía salir de él. El hombre tiró de él hasta un lugar seco y lo abrió. Se quedó atónito al descubrir a una bella joven que la miraba temerosa, la ayudó a salir y entonces se dio cuenta de que estaba embarazada:
“Me llamo Dictis” se presentó.
“Yo soy Dánae, hija de Arcisio, rey de Argos.”
En ese momento dio un grito de dolor y se llevó las manos a la abultada barriga:
“Mi hijo, ya viene.”
Pasaron diecisiete años, durante los cuales Dictis acogió a Dánae y educó y crió a su hijo como si fuera su propio padre. Perseo se convirtió en un joven atlético de cabellos oscuros y ensortijados, de penetrantes ojos azules. El joven se dedicaba a la caza y a las competiciones atléticas, destacando por encima de sus oponentes en tiro de disco, una pesada pieza de metal que requería una especial habilidad para ser lanzada. Un día Dictis fue convocado al palacio y se le ordenó llevar consigo a Dánae y a Perseo. Temía lo que su hermano podría hacer al ver a la mujer que había acogido en su casa, Dánae se había convertido en una bella mujer de carácter y fuerza.
La velada transcurrió sin incidentes, hasta que el tirano, borracho, provocó a Dánae. Ésta enrojeció por la ofensa pero se mantuvo en silencio. Perseo miró furiosamente hacia el sitial del anfitrión y dijo:
“Los dioses dieron normas de hospitalidad a los hombres, sin embargo en este lupanar no veo que se cumpla ninguna de ellas, más bien por el contrario, el anfitrión se divierte infringiéndolas.”
Policdetes, rojo de ira ante el insulto, vociferó:
“¡Insolente! ¿Cómo osas dirigirte al rey de tu tierra de esta manera? Te guste o no, tu madre se quedará en este palacio, solo podrás liberarla si me traes la cabeza de la Gorgona Medusa en una bolsa.”
Medusa era un horrible ser, hija de titanes, medio mujer, medio serpiente, con el poder de convertir a los hombres en piedra, se decía que sus cabellos eran en realidad serpientes de poderosa mirada. Perseo miró a su madre con suavidad, temeroso de enfrentarse a la prueba pero decidido a salvar a su madre. El silencio se prolongó largo tiempo.
“Ya me parecía a mí que el gallito cacareaba demasiado rápido” dijo el tirano.
Perseo le miró con dureza y con un rictus de odio en la boca se volvió para salir del palacio:
“Volveré madre.”

El hijo de la Argiva. El comienzo

miércoles, 24 de marzo de 2010
Los dos niños no querían irse a dormir. Presentían que era un momento especial: estaba allí el abuelo y querían ver todo lo que ocurriese. Pero mamá estaba muy pesada…
“Marta, déjalos” interrumpió el abuelo “¡sentaos aquí!
Ellos, poco dispuestos a irse, aprovecharon la ocasión y se sentaron en la moqueta a los pies del abuelo:
“Os voy a contar la historia de un príncipe de hace mucho, mucho tiempo. La Historia del Príncipe Perseo, de cómo mató a Medusa y se convirtió en el rey más poderoso de toda Grecia”

En el ágora de Tirinto, ciudadela de los dioses, era día de mercado. Entre la algarabía reinante un pequeño grupo, que iba engrosando con el paso del tiempo, permanecía en silencio escuchando a un solo hombre. Éste era un anciano de ojos cegados, cuya melodiosa voz tenía acentos de las tierras de más allá del Egeo, de las ciudades de la Jonia cercanas a los bárbaros de Oriente.
“¿Sabéis quién fundó la ciudad de Micenas, la rica en oro? ¿Conocéis las historias de los reyes y príncipes que contribuyeron al engrandecimiento de los Perseidas? Os voy a relatar una historia sin parangón, una historia de misterios, traiciones, aventuras… Espero que la Musa, hija de Zeus, me conceda la gracia y la voz para transmitir aquello que me susurra al oído…”

En la ciudad de Argos, hace mucho tiempo, reinaba Arcisio. Tenía una hija, Dánae, una bella niña de cabellos dorados y ojos oscuros, de danzarines piernas y melodiosa voz. El rey estaba feliz ya que su reino, que tanto le había costado conseguir, ya tenía una heredera. Sin embargo el dios de Delfos acabó con esta alegría. Profetizó que el hijo de Dánae mataría a su abuelo y lo sustituiría en el trono. Ante esto, Arcisio, temeroso de los designios del dios encerró a su hija, cuando ya había alcanzado la edad de tener hijos, en una alta torre de su palacio.
Un día, Zeus, el padre de los dioses y señor del Olimpo, descubrió a la joven en su prisión y enamorado de ella decidió entrar en la estancia. Esa tarde cuando Dánae contemplaba melancólica las paredes de la habitación en la que estaba encerrada, sin que ni siquiera un rayo de sol pudiera colarse por una ventana vio un prodigio: un líquido dorado goteaba del techo. La princesa no se movió de lugar mientras esperaba a ver en que acaba todo aquello.
De pronto del charco dorado surgió un hombre, de barba negra y espesa, ojos azules, fuerte y que irradiaba una poderosa autoridad. Sin palabras, la princesa sabía que quien la visitaba era un dios, se contemplaron mutuamente. La princesa clavó sus negros ojos en la figura mientras la pasión se encendía en su pecho.

Arcisio no daba crédito al hecho palpable de que su hija estaba embarazada de varios meses, la profecía del dios parecía inevitable. Sin embargo aún podía hacerse algo, temeroso de perder la vida a las manos del fruto de su hija, la encerró en un enorme baúl de madera y la arrojó al mar, el Ponto se encargaría, y con suerte sería devorada por alguno de los animales de Posidón, y, o eso esperaba, no volvería a saber de ellos nunca más.
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