El vuelo de los cisnes. De la Roca de las Focas a las Tierras del Oeste

martes, 8 de junio de 2010
Los hijos de Lir cantaban sus penas desde el lago del Ojo Rojo, visitados por todos los habitantes de la Comarca, quienes se paraban a escucharlos. Un día decidieron que era hora de partir. Decidieron dirigirse al este, hacia el mar que separa Erín de Alba.
De pronto una tormenta les salió al paso, las fuertes ráfagas de aire los separaban:
−Encontrémonos en las Roca de las Focas por si nos perdemos.
Los truenos y relámpagos los envolvieron, fuertes vientos los llevaron de aquí para allá y la lluvia empapaba sus plumas.
Fingula, agotada, volaba buscando la roca. De pronto el mar se levantó arrojándola a tierra. Era el islote y allí estaban Conn y Fiachra empapados y cubiertos de sal.
−¿Dónde está Aod? –inquirió Fingula mientras refugiaba a sus hermanos bajo sus alas.
Cuando llegó la calma y apareció el sol Aod aún no había aparecido. Pero de pronto un pescado fue arrojado delante de ellos. Aod aparecía seco y con comida para alborozo de sus hermanos.

Un día un grupo de radiantes caballos blancos se acercó a la costa, los niños reconocieron a los hijos del rey Dearg y le pidieron noticias a lo que respondieron:
−El rey, nuestro padre, está bien y también el vuestro, el rey Lir. Sin embargo están afligidos por vuestra ausencia.

A su regreso los hijos de Dearg relataron lo que habían visto entretanto los hijos de Lir volvían a casa. Cuando llegaron a la colina del Campo Blanco, lo encontraron todo abandonado, la hierba había tomado posesión del lugar. Desolados los niños partieron hacia las islas del Oeste.

Por esa época la profecía se hacía realidad, Deoch, princesa de Munster se había prometido con Lairgnen, príncipe de Connaught. Sin embargo, Deoch quería que su príncipe le trajera los cisnes. Lairgnen los encontró en el lago de los Pájaros, se acercó a ellos y les quitó las cadenas de plata con los que la bruja los había encadenado.
En ese instante los cisnes se transformaron de nuevo en humanos, pero los niños se habían convertido en ancianos. Murieron al poco y sus cuerpos se dispusieron de la misma forma que habían estado en vida: Fiachra y Conn a ambos lados de Fingula y Aod sobre su pecho.

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